La exclusión del campesinado del proceso de construcción del Plan Nacional de Desarrollo



Periódico El Sirirí

El pasado 18 de septiembre el campesinado colombiano, organizado a través de la  Convención Nacional Campesina, divulgó un comunicado exigiendo al gobierno nacional el  establecimiento de una ruta política y técnica para la concertación del Plan Nacional de  Desarrollo 2026-2030, el instrumento más importante para la planificación de la acción  estatal en el próximo cuatrienio.  

Esta exigencia se soporta en un sólido marco jurídico dentro del que se encuentra el  principio constitucional de la participación, así como el derecho a la participación reforzada  introducido por el Acto Legislativo 01 de 2023 en virtud del reconocimiento del  campesinado como sujeto de especial protección constitucional, que obliga al estado a  adoptar medidas afirmativas —acciones concretas para compensar desventajas  históricas— que garanticen que la participación del campesinado no sea meramente  consultiva sino claramente efectiva e incidente. Adicionalmente, la Corte Constitucional, en  la Sentencia C-077 de 2017, ya había delineado anteriormente la participación reforzada al  incorporarla al conjunto de derechos que protegen la subsistencia y el proyecto de vida del  campesinado, junto con la alimentación, el mínimo vital, el trabajo y la dignidad humana. 

Hasta este momento el Departamento Nacional de Planeación (DNP), entidad encargada de  coordinar la formulación del Plan Nacional de Desarrollo y de presentarlo ante el Consejo  Nacional de Planeación y al Congreso de la República, no se ha pronunciado al respecto del  comunicado del campesinado, por lo que en el presente escenario político se advierten  varios riesgos frente a este silencio institucional. En primer lugar, existe la posibilidad de  que se desconozca la instancia de concertación entre el campesinado y el estado,  legítimamente constituida para este proceso de participación reforzada: la Comisión Mixta  de Asuntos Campesinos. En efecto, a través del Decreto 1004 de 2024 se establece dentro  las funciones de la Comisión Mixta (numeral 18) la de elaborar y concertar la inclusión de  medidas encaminadas a la garantía efectiva de los derechos del campesinado en el proyecto  de ley del Plan Nacional de Desarrollo en cada periodo de gobierno. Por tanto, existe un  riesgo aun mayor de que el mencionado decreto entre dentro de la oleada de derogaciones  que en las últimas semanas han buscado eliminar los avances sociales en materia de  reconocimiento de derechos, protección ambiental y productiva.  

En segundo lugar, los antecedentes en materia de participación ciudadana, así como el  actual contexto de retroceso que vive el país, indican que el gobierno nacional puede  recurrir a la estrategia antidemocrática de instrumentalizar económicamente a otras  organizaciones para, rápidamente, dar trámite a la participación campesina y evadir el cabal  cumplimiento del mandato constitucional de la participación reforzada. 

Este desconocimiento de la participación del campesinado no solo tendría efectos sobre el  Plan Nacional de Desarrollo sino que terminaría de consolidar en el actual gobierno una  política estatal de profundización de las inequidades políticas y sociales, que consiste en  una total complacencia con los gremios y sectores económicos poderosos, con quienes el  DNP ya se ha sentado para la construcción del Plan Nacional de Desarrollo, y un atropello sistemático de los derechos del pueblo.  

La participación reforzada no es un favor ni una concesión, es un derecho conquistado con  décadas de lucha, organización y resistencia del campesinado. El Estado tiene la obligación  de garantizarlo, y la institucionalidad creada —el Acto Legislativo 01 de 2023, la Comisión  Mixta Nacional para Asuntos Campesinos, el Decreto 1004 de 2024— ofrece el marco para  hacerlo. Pero son las organizaciones campesinas con arraigo territorial y representación en  la Comisión Mixta las llamadas a ejercerlo con autonomía, transparencia y capacidad de  incidencia. La voz del campesinado debe resonar en la planeación del país no como un eco  lejano, sino como una fuerza que transforma.


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