Ecos del Palmar, la primera emisora de Ubaque: Un diálogo con Jesús Linares


Por Diego Chiguachi y Edgar Suárez

Don Jesús Linares recuerda que ya iniciada la década de los sesenta, en algún lugar al lado de la casa cural de Ubaque, se reunían estudiantes, trabajadores y jóvenes del pueblo y allí sintonizaban las noticias sobre el mundo en una radio de onda corta. Pasaban agenda por los acontecimientos del continente y escuchaban lo que pasaba en Cuba en la misma voz de Fidel Castro. En medio de estas tertulias, don Jesús ponía canciones en su tocadiscos y comentaba algunas novedades musicales. “Allí todos estaban contentos”, recuerda “Mi idea era que ese ambiente cultural se proyectara, para ello era necesario tener una emisora”.

Ambrosio Pulido Mora, el tío materno de don Jesús, un influyente dirigente regional, conservador y laureanista, había regalado, tiempo atrás, un equipo de sonido con amplificador al Directorio Conservador, este equipo terminó abandonado en un rincón del cuartel de la policía. Cuando don Jesús llegó a ser concejal de Ubaque, recuperó este equipo de sonido, lo reparó para uso del municipio y le instaló parlantes y micrófono. Los días domingo, en el parque central, este amplificador servía para que el gobierno local pudiera informar sobre decretos y directrices; pero a su vez se volvió la plataforma de artistas y juglares locales que bajaban de las veredas el día de mercado para compartir su música, sus poemas, sus coplas y sus cuentos. “Era la apertura de la gente a la cultura artística, a la expresión de lo que somos”, dice don Jesús.

Este primer intento de radio terminó por la persecución política en medio de las rencillas bipartidistas, tal como lo cuenta don Jesús. “Cuando ya vieron que posiblemente, yo como concejal, tal vez iba a usurpar el liderazgo político en Ubaque a las clases dirigentes, vino una demanda del partido conservador, ganaron el pleito y se llevaron el equipo de sonido, imagino que para guardarlo en la casa de algún copartidario para que así ya no le sirviera a nadie. Ellos creían que Chucho Linares quería conformar una rosca política semejante a la de ellos. Era una conquista jurídica de ellos y eso les daba mucha alegría. Cuando llegaron por el equipo, un dirigente conservador dijo: Es que un liberal no puede hablar por los micrófonos de los conservadores. Yo le contesté: Deje de ser pendejo, que yo en quince días otra vez estoy hablándole a la gente”.

Chucho Linares, como le dicen en el pueblo, sabía de lo que hablaba, había hecho un curso técnico de Radio, Televisión y electrónica por correspondencia. Ese mismo día se fue para su taller y puso manos a la obra. Tenía un viejo y grande radio que usó como chasis para armar el transmisor, diseñó e hizo los circuitos correspondientes y muy pronto estuvo todo listo para hacer la primera prueba. Le dijo a su amigo Evangelista Herrera, quien cada tanto lo visitaba y andaba pendiente de los avances de la radio, que sintonizara un dial para ver si funcionaba. Un rato después su amigo apareció en la puerta con cervezas en la mano y le dijo “Se escucha perfecto”. Don Jesús anunció a los muchachos de Coacsu (Comité de Acción Social de Ubaque) que ya tenía la manera de salir al aire. Así nació Ecos del Coacsu, la primera emisora de Ubaque, que meses después, se llamaría Ecos del Palmar, en nombre y en homenaje al río que baña al municipio. Ecos del Palmar  durante su trayectoria, tuvo que cambiar de nombre y frecuencia para evitar ser clausurada,  también se llamó “Ecos del Cacique” y en su último período se llamó la Voz del Bosque, en memoria y homenaje a los bosques de Ubaque, el país y el mundo. Dada su onda de frecuencia, la emisora se escuchaba en los municipios cercanos y llegó a escucharse hasta Velez, departamento de Santander.

“Que don Chuchito, que allá en la vereda montamos un conjunto de música que si podemos cantar por la emisora; yo les decía, tráigalo el domingo y estrenan. Así se le empezó a dar voz a la gente. Los muchachos del campo querían hablar, yo les decía, hagan un programa, señalen la hora y pónganle el nombre que quieran. Recuerdo que uno de esos programas era San Agustín al Aire. Así se formaron unos cuatro o cinco locutores de campo que cada fin de semana traían de sus veredas el paquete de dedicatorias y canciones. Yo los dejaba trabajar. Esta era una emisora popular, verdaderamente popular. Eso no le gustaba a muchos que decían que esa era gente de mala clase, inculta, que no sabían hablar, yo les decía que, casualmente, es así que la gente deja de ser inculta, que si cometen errores para hablar es porque así hablamos, eso es lo que somos. Si creen que son brutos, déjenlos que hablen para que se vuelvan inteligentes”, cuenta Don Jesús y el recuerdo se le vuelve risa.

Al ser una emisora clandestina, cada tanto recibía la visita de las autoridades; pero Don Jesús tenía amigos en el DAS que ayudaban a embolatar las acusaciones y así lograba superar estos reveses y seguía transmitiendo. Para él, Ecos del Palmar era una herramienta de muchas caras, en la mañana tenía un programa sobre agricultura, al medio día leía la prensa nacional y hacía comentarios sobre los editoriales de los principales periódicos, luego hacía programas de divulgación científica y para terminar, al atardecer, su programa musical, Noche de Ecos del Palmar.

Don Jesús recuerda que la emisora fraguó decenas de matrimonios, pues los enamorados encontraban en este medio, no solo un canal para sus cortejos, sino la posibilidad de que sus mensajes de amor pudieran saltar las barreras que ponían los padres de las pretendidas muchachas, para ello tenían a Chucho como locutor y cómplice de sus romances. “El príncipe azul de la vereda grande del Molino, de la manera más sentimental, le dedica la siguiente canción a la hermosa flor del campo de la vereda San Agustín” locuta don Jesús, recordando con la voz los tiempos ganados.

Fueron más de 15 años en los que Ecos del Palmar estuvo al aire, transmitiendo desde diversos lugares de Ubaque, el último de ellos, la actual casa de Don Jesús, cerca a la entrada del pueblo, allí no solo guarda como un tesoro los viejos discos y los equipos de transmisión por él construidos, sino la memoria viva de su pueblo, es decir, su esperanza. 

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