La lucha de Jobita por su casa

A pesar de un fallo del Tribunal de Cáqueza a su favor, la alcaldía de Choachí busca demoler la vivienda de una humilde campesina de Resguardo Bajo. 

Finca de Jobita en los años noventa. Vereda Resguardo Bajo Choachí. Foto: Archivo particular

EL SIRIRÍ 

El pasado viernes 29 de mayo se realizó la audiencia previa al cumplimiento de desalojo en el predio perteneciente a Ana Jobita Martínez Pulido, una humilde campesina de 61 años, nacida en la vereda de Maza (Choachí) y quien se dedica con su esposo de 65 años al cultivo de la gulupa. El predio esquinero que bordean dos caminos que de Choachí conducen por el sector de la Baticola a río Blanco, es una herencia familiar y en ese lugar nacieron y se criaron sus hijos y actualmente vive con su esposo, dos de sus hijos y cuatro de sus nietos, uno de ellos menor de edad.  

Ana Jobita Martínez Pulido, campesina de 61 años de Choachí. Foto: Mambe   

Contra Jobita se ha desatado una virulenta campaña difamatoria y durante las últimas dos administraciones municipales ha enfrentado con estoicismo una lucha por sus derechos y hoy solicita justicia por la casa que levantaron sus abuelos Isaías Pulido y Guadalupe Rivera en el sector de Resguardo Bajo. La casa que habitaron Modesto Martinez y Hericinda Pulido, los padres de Jobita donde  llegó a habitar a mediados de1976, con doce años y donde un día, cuando se casó, se alejó de ella. Una casa que cuando murieron sus padres, sus diez hermanos resolvieron en común acuerdo dejársela a Jobita y donde volvería a vivir con siete hijos y embarazada del octavo. La casa que para su prole en ese entonces era demasiada chica y que Mélida, la guía del grupo de oración de EMAUS le ayudó a recoger los fondos para ampliarla. La casa que con la ayuda y la buena voluntad  del pueblo chigüano y su esposo se logró ampliar en dos piezas. La misma alcaldía de ese entonces se unió a la colecta y pagó los honorarios del señor Hérmes Zárate, maestro de construcción y quien donó algunos bloques. La casa que puso como garantía para pedir un préstamo hace veinte años cuando logró a viajar a España y que logró salvarla a su regreso La casa que actualmente amenaza con caerse. La casa de 172 metros cuadrados que su único deseo es dejarla como herencia a sus hijos y trece nietos.

La falla 

Jobita vivió tranquilamente en su casa por muchos años, pero desde 2008 entre los vecinos del sector notaron una serie de humedades y charcos que se formaban y con el tiempo los caminos resultaron varias veces inundados por los súbitos encharcamientos que en tiempos de invierno hacían rebosar el agua de las profundidades. Según Jobita: "Antes este era un terreno muy seco, sin erosiones, pero en invierno, muchas veces sucedió que el agua encharcaba el camino y la escorrentía se metía a la casa y mojaba todas las cosas”. 

Al indagar sobre el asunto, los vecinos preguntando aquí y allá, descubrieron la raíz del problema. Unos vecinos en un predio de su propiedad, ubicados en la parte alta, aproximadamente a trescientos metros de la finca de Jobita, habían construido un pozo de sesenta metros de largo, veinte de ancho y ocho de profundidad. La obra y el inadecuado manejo ha generado que por décadas la filtración de las aguas  modifiquen la estructura del terreno, lo que se constituye ciertamente en una especie de bomba de tiempo, de la que tanto Corporinoquía y la alcaldía de Choachí no han tomado cartas en el asunto. 

Este comportamiento con el tiempo se fue profundizando y en el 2018 la falla fue a reventarse en la parte alta de su predio hundiendo los terrenos y en la parte de abajo, a ciento cincuenta metros, el agua acabó tumbando varios árboles eucaliptos y en la finca de Jobita los guayabos, chirimoyas y mangos. La falla se llevó la casita del contador de gas, la escalera de piedra y el filtro del agua. El movimiento en masa arruinó el baño, la cocina, una parte de la sala comedor, la pieza de Jobita,  y la de su hija Maribel y el sótano. 

    




Falla que atraviesa el lote de Jobita. FOTO: Archivo particular

Jobita desde el 2017 visitó la alcaldía informado del asunto a las autoridades, explicando en cada oficina de los malos manejos del pozo y la situación de un invernadero que provocaba enormes charcos y que motivó una tutela de una vecina de nombre Omaira Ríos que consiguió con varios vecinos que lograron por la justicia trasladar el invernadero, cuando el daño estaba hecho y ya parece insalvable. 

En el 2021, la casa de Jobita, su más importante patrimonio, colapsó cuando reventó la falla y Jobita se vio forzada a demandar con una tutela que ganó en dos instancias, primero en diciembre de 2022 y luego en febrero de 2023. Según fallo expedido por el juez Juan Chinchilla de Cáqueza se le ordenó a la alcaldía de Choachí tomar medidas sobre el pozo en el predio vecino y mitigar el riesgo. Además ordenó a las autoridades reubicar a su familia y dispuso realizar unos estudios del terreno y dependiendo de sus resultados, construir o demoler la construcción. 


La familia de Jobita en los años noventa. Foto: Archivo particular

El alcalde de Choachí en esos días, Carlos Alberdi Velázquez, acatando el fallo judicial propuso como solución ubicar a Jobita y los menores en una habitación de un hotel en el casco urbano, a lo que ella agradeció, pero se negó a tal ofrecimiento, ya que en esos días vivían nueve personas en su casa, entre hijos y nietos. Sobre la mitigación del pozo, poco o nada hizo, pues como EL SIRIRÍ comprobó, existe una vieja relación entre el ex alcalde y los dueños del predio donde se encuentra la problemática laguna artificial.

Iniciando el periodo de gobierno de Velásquez, cuando Jobita fue a su despacho a solicitarle acciones para solucionar su situación, el alcalde se comportó de manera despectiva, negándose a revisar las evidencias que la campesina llevaba acumulando por varios años en una carpeta. "Fígaro", como le llaman amistosamente, argumentó tajante que la alcaldía no tenía plata para darle una vivienda y mucho menos arreglársela. "Mi intención jamás fue pedirle una casa", argumenta Jobita, "sólo quería solucionar el problema de su casa y de todos los afectados amenazados por la falla". La grosería de Velásquez fue mayor cuando en una alocución transmitida por las redes sociales, cuando se cernía una sanción en su contra por no acatar el fallo. Al aire y de forma irresponsable el alcalde denunció a Jobita, sin mencionar su nombre. Victimizándose, argumentó que existía una mujer que poseía dos casas y pedía una más y que por evitar dársela, estaba tramando ponerlo tras las rejas, generando la indignación de sus seguidores. Desde ese momento Jobita injustamente ha sido vilipendiada y señalada como enemiga de Velásquez. 

Álvaro Pulido, el actual alcalde y quien sucedió a "Fígaro", en un inicio fue muy receptivo con Jobita y enterado de la situación visitó el predio y ordenó la reubicación de su familia, mientras se realizaban los estudios para determinar si era necesario tumbar la casa. La familia de Jobita fue trasladada a una casa en Fonté, donde no existía gas y allí intentaron rearmar su vida durante seis meses, tiempo en que la alcaldía se encargó de su sostenimiento. Pasado este tiempo el alcalde Pulido cortó la ayuda y dejó a Jobita y su familia pagando arriendo y a la buena de Dios. 

Familiares de Jobita en los años noventa. Foto: Archivo particular

Otros seis meses pasaron y cumplido un año, Jobita tomó la decisión desesperada de volver a su predio. Para esos días, esperaba que la alcaldía ya hubiese realizado los debidos estudios técnicos y tuviera un  pronunciamiento frente a la situación, pero nada de esto sucedió. Así que tuvo que volver a apelar a la justicia, sin imaginar que por hacer valer sus derechos acabara demandada. Buscando lavarse las manos, el municipio argumentó que Jobita se había negado a acceder a la ayuda de la administración y que había construido ilegalmente en el predio.

Su pleito llegó a los tribunales y en la corte, con estos argumentos, invalidaron la orden expedida por el juez de Cáqueza. Jobita revisó la sentencia encontrando muchas inconsistencias, entre ellos la modificación en los papeles de su ubicación, donde colocaron Resguardo Sector Norte, cuando siempre se ha identificado su sector como habitante de Resguardo Bajo. Según planeación desde el año 2022 solo existía una construcción de 35 metros cuadrados. También señalaron a Jobita de construir en el predio dos edificaciones, cuando en realidad se tratan de dos enramadas hechas de tubo y tejas de zinc, con el objetivo de cuidar las cosas y las herramientas de trabajo. No le avalaron los testigos, ni hubo una debida observación del problema. Jobita tuvo que ir a Defensoría del Pueblo, quien le aconsejaron realizar un desacato y así obligó a la oficina de Planeación y la inspectora de policía visitar el predio donde pudieron comprobar que nunca hubo construcciones.

Aspecto de la casa en los años ochenta. Foto: Archivo particular

“Es una falsedad que yo haya construido en mi predio” dice Jobita, que este año tuvo que vender los piscos y las gallinas para defenderse contra el argumento injusto de la administración que se ha encargado de hacerle la guerra. En agosto del año 2024, un cercano encontró en la plataforma del SECOP que existía un contrato de una unidad habitacional en su predio. El contrato lo encontró por coincidencia y según Jobita nadie le notificó del asunto. "En septiembre, se acercaron algunos funcionarios para firmar la licencia. "¿Van a autorizar la construcción en un lote en zona de riesgo?, fue lo que les contesté, lo que generó el malestar con la alcaldía. Resulta increíble que la oficina de Planeación permitiera la obra, tras la amplia evidencia de zona de riesgo" comenta Jobita.

Por todo esto Jobita fue citada a juicio y en la audiencia se le negó la posibilidad de contar con diez testigos a su favor y solo aceptaron tres de ellos. Para la administración municipal, Jobita sólo quiere meter a la cárcel al alcalde y han inventado el mito que su familia tira pólvora y han hecho fiesta cuando amonestaron al burgomaestre por no cumplir con la tutela. Ella confiesa que no desea el mal a nadie y que sólo espera se haga justicia, y pueda tener su casa en las mismas condiciones que estaba. Después de tantas años de pelar por sus derechos se siente desvalida y triste que nadie la haya entendido.  

Ni Corporinoquia, ni la oficina de gestión de riesgo de la alcaldía, que supuestamente deben hacer monitoreos y estudios sobre el impacto del pozo en el predio, han hecho nada para mitigar el desastre ecológico provocado por el pozo en el predio La Julita. La única acción de mitigación ordenada por la alcaldía es  la siembra de matas y el manejo de zanjas, paliativos que poco ayudan a la problemática. El camino real que daba acceso al río, se perdió por completo. “La situación sigue latente y cada vez es más grave” confiesa Jobita. En mayo de este año, violando sus derechos fundamentales, le cortaron el acceso al agua por un mes y doce días, según entiende a como una artimaña para presionarla a salir de su predio. “El juez ordenó que debíamos sentarnos a dialogar y así lo manifesté a la administración, pero el alcalde Pulido no me contesta” agrega la humilde campesina. Actualmente el riesgo persiste y a pesar de la existencia de la orden de desalojo, una nueva tutela la ha protegido por unos días, mientras Jobita exige que la reubiquen en un lugar donde pueda vivir dignamente.



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